Vamos despacio…

Desde la Asamblea de Retiro sólo queremos compartir con el resto de Asambleas este texto que nació de la reflexión y para la reflexión, sin más:

¡VAMOS DESPACIO PORQUE VAMOS LEJOS!

Pocas veces un lema (publicitario) ha sido capaz de tanta concreción. Vamos lejos…

Dónde vamos es algo que llevamos ya más de un año proclamando a los cuatro vientos, siquiera sea en forma de lemas y conceptos.

Queremos ser dueños de nuestro presente y de nuestro futuro. No queremos ser mercancías en manos de políticos y banqueros ni de nadie

Reivindicamos el derecho a ser nosotros los que nos equivoquemos por nosotros mismos, no sufrir las equivocaciones de otros en nuestro nombre. Si alguien tiene que representarnos, que nos represente, no que nos mande. Ni queremos ni necesitamos para nada de un amo.

Proclamamos que todos somos iguales, los de aquí y los de fuera, que ningún ser humano es ilegal. Queremos construir nuestro futuro entre todos. Somos y queremos ser el 99%.

Sabemos que la colaboración entre las personas es posible y enriquecedora. No queremos un mundo en el que la competencia y la ley del más fuerte imperen, incluso si los más débiles no somos nosotros y están al sur. Preferimos la alegría del compartir a la tristeza del poseer excluyente.

Cierto es que todo ello no constituye un programa político al uso, pero es que el camino también queremos construirlo entre todos, y los programas políticos, concretos y acabados, más que unir, separan. Vemos esto de un modo horizontal, entre iguales, que aquí no ha nacido nadie con una estrella en la frente

Pero, si es eso sólo, si racionalmente cada uno de nosotros está convencido, si la gran mayoría de la población vemos con simpatía el movimiento, si también pensamos que lo que queremos es justo y lógico, ¿cómo puede ser que estemos tan lejos?

De nada vale lamentarse; simplemente es así. Hay elecciones y participamos para elegir a quienes creemos que mejor nos van a “no representar”. Los de abajo votamos a los que nos prometen defender a la banca que nos desahucia y a los corruptos. Actuamos como si los desahuciados lo fueran por sus pecados y culpas, como si los inmigrantes fueran responsables de haber nacido en su tierra. Esquilmamos nuestro mundo como si no fuese nuestra casa común… Y no nos incomoda (mucho) que nuestro inefable Mariano se sienta legitimado para hacer cada viernes lo contrario de lo que prometió, porque él sabe qué es lo que hay que hacer, como si algún dios se lo soplase al oído o como si el hecho de ser un representante “electo” le otorgase derecho de pernada

Y es que los muchos años vividos colectivamente en el lado oscuro nos han marcado, incluso cuando nos resistíamos. Muchos de nosotros, lo que hemos mamado ha sido el espíritu del ordeno y mando, del “cuando seas padre (que no madre), comerás huevos”. Nos hacían aceptar que la autoridad era la encargada de pensar y decidir por todos.

Los más viejos recordamos tiempos en los que los de arriba aplicaban una represión criminal y sangrienta (todavía nos persigue la rabia, el miedo y el dolor que sentimos tantas veces*) y como, después de un corto paréntesis de esperanza, nos fumigaban una ideología perversa, impartida en la escuela o con el ejemplo. Una ideología que entroniza el individualismo y la cultura del pelotazo, de la corrupción, de la codicia y del despilfarro. La que lleva a los altares a los nuevos ricos y a los especuladores. La cultura del tener, la de la perversión del sistema que nos había esperanzado. La que desembocó en esta crisis, que no es una crisis, que es una estafa

Y es este ambiente el que nos ha hecho sentir como sentimos. Por eso estamos tan lejos, porque necesitamos un cambio colectivo y profundo de sentimientos que nos permita evitar la esquizofrenia del sentir y pensar distinto. Tenemos que cambiar nosotros para que el mundo cambie. La verdad está ahí y la conocemos, pero no es el conocimiento de la verdad el que da la libertad, sino su sentimiento y el hecho de ejercerla.

Estamos lejos porque necesitamos un proceso de formación colectiva crítica, abierta, libre y alejada del adoctrinamiento**. Es mucho lo que llevamos en el pozo y salir de él, acomodar los ojos y desentumecernos necesita un tiempo. No se trata de un simple “quítate tú para ponerme yo” sino de llegar a construir un mundo alternativo, porque si solo cambiamos “representantes”, a la larga, los nuevos acabarán siendo parecidos a los anteriores

Vamos despacio… Y no solo es la lejanía del destino la que nos hace ir lentos; es que nosotros mismos queremos ir despacio. No podemos permitirnos el lujo de esperar a llegar a “destino” para cambiar, tenemos que llegar cambiados. Y eso quiere decir que, a la vez que avanzamos, tenemos que mudar como personas y como colectivo y asumir la libertad y la igualdad, la tolerancia y la colaboración… Y por eso nos embarcamos en crear un banco de tiempo, en celebrar mercados de trueque o en promover un tribunal ciudadano de justicia.

Pero es que además sabemos que no podemos permitirnos cualquier medio, que los medios que utilicemos definirán el punto de llegada. Que una estructura autoritaria no puede alumbrar una sociedad verdaderamente democrática, que con medios violentos no puede alcanzarse la no violencia. De ahí nuestras formas de expresión en asambleas en espacios públicos, accesibles a todos y que dedican mucho tiempo a alcanzar consensos.

Y todavía, además, tenemos que abordar todos los temas importantes, sin establecer prioridades claras y duraderas. Los derechos humanos son indivisibles y carencias en un aspecto contaminan a todos los demás y por eso los de arriba atacan el todo embistiendo un pilar (el que ven más débil) mientras que nosotros, los de abajo, tenemos que defender todos los pilares a la vez. De ahí los múltiples frentes que tenemos abiertos: trabajo y vivienda, inmigración y cooperación, política y libertades, educación y sanidad, género…

Pero es que, por encima de todo, estamos convencidos de que no podemos (ni queremos) llegar a un mundo solidario si no es aplicando la solidaridad en el trayecto. Mientras que los de arriba pueden financiar y dedicarse a extender su ideología despreciando a los caídos (que se lo merecen por ser pobres), nosotros, el 99%, además de avanzar, aprendiendo, con medios limitados y defendiendo todos los frentes, tenemos que atender al mantenimiento de la estructura solidaria, que no se nos pueden quedar por el camino los más débiles. No podemos comulgar con que el objetivo es solo a largo plazo, porque los que sufren, sufren ahora. Desahuciados, parados, inmigrantes, recortados y demás (incluso elefante) somos todos, somos el 99% de abajo. Por eso nuestro empeño en parar los desahucios o las redadas racistas.

¿Alguien te dijo que fuera a ser fácil? Despacio y lejos, pero somos el 99% y llegaremos

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* Un recuerdo. Marzo de 1976. Vitoria. Iglesia de San Francisco. La policía nacional desaloja con gases lacrimógenos una asamblea de trabajadores. Los que intentan salir son recibidos a balazos por la misma policía. Cinco muertos y 1.500 heridos de bala. Manuel Fraga, Ministro de la Gobernación, sustituido temporalmente, por encontrarse de viaje, por Adolfo Suarez

**No es casualidad la batalla que han emprendido los de arriba contra la enseñanza pública y contra la “educación para la ciudadanía”

 

Asamblea Popular de Retiro

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